Mientras se intensifican los encuentros marroquí-españoles en la ciudad de Tetuán en los ámbitos del patrimonio, la cultura y el medio ambiente, se hace cada vez más evidente el contraste entre la calidez de las relaciones oficiales y la parálisis consular que caracteriza el trato del Consulado de España en Tetuán respecto a las solicitudes de visado, lo que está generando un creciente malestar entre los sectores estudiantiles, económicos y de derechos humanos.
A pesar de esta dinámica oficial, varios actores locales afirman que su impacto en los servicios consulares del Consulado de España en Tetuán es prácticamente inexistente, especialmente en lo que se refiere al expediente de visados, que ha provocado un amplio descontento entre empresarios, estudiantes, solicitantes de reagrupación familiar y personas que piden visados turísticos.
Diversos observadores coinciden en que la brecha entre el discurso diplomático oficial del gobierno español y la práctica consular en Tetuán ha debilitado la confianza mutua, especialmente en una ciudad que vive una intensa actividad cultural con sus socios españoles.
Según múltiples testimonios, el Consulado de España en Tetuán aplica criterios estrictos y a veces poco claros en la evaluación de los expedientes, rechazando a menudo solicitudes que cumplen todos los requisitos sin una justificación suficiente y reduciendo la duración de los visados a solo unos días o pocas semanas, incluso para colaboradores habituales con instituciones españolas, como profesores, periodistas o estudiantes admitidos en centros educativos y universitarios de España.
Las críticas también apuntan a una empleada del departamento de visados del Consulado de España en Tetuán, descrita como la “dama de hierro” y la principal responsable de las decisiones. Observadores consideran que el modo de funcionamiento en este departamento no está en consonancia con el espíritu de cooperación cultural y económica que España proclama en sus encuentros oficiales. Ciudadanos denuncian, además, falta de comunicación y ausencia de respuesta a los recursos, lo que complica aún más los trámites y abre la puerta a manifestaciones de injusticia administrativa que contradicen la evolución positiva de las relaciones bilaterales entre Marruecos y España.
Las críticas se intensificaron tras la aparición de nuevos datos relacionados con la gestión del departamento de visados, en el que se acusa a su responsable de adoptar un enfoque preventivo de carácter derechista y rígido hacia los solicitantes marroquíes. Este enfoque, según se afirma, parte de la premisa de que la mayoría de los solicitantes son “potenciales migrantes”, incluso cuando se trata de empresarios, médicos, profesores universitarios, sindicalistas o periodistas.
Testimonios coincidentes indican que la jefa del departamento mira los documentos marroquíes con una evidente desconfianza, que alcanza incluso a los expedidos por instituciones oficiales reconocidas por su fiabilidad, como certificados profesionales, invitaciones a congresos, documentos bancarios o certificados fiscales. Muchos afectados afirman que sus solicitudes suelen ser rechazadas sin pedir aclaraciones adicionales ni verificar las instituciones emisoras, lo que plantea serias dudas sobre los criterios de evaluación.
Según fuentes profesionales, estos rechazos incluyen expedientes presentados por empresarios, médicos, profesores universitarios y periodistas que mantienen asociaciones consolidadas con instituciones españolas y que participan regularmente en encuentros y congresos en el país vecino. A pesar de sus sólidos vínculos profesionales, se encuentran con denegaciones injustificadas o con visados extremadamente cortos —de una semana a diez días, con validez de una sola entrada— lo que dificulta su participación en actividades que suelen durar más tiempo o requieren varias visitas.
Los profesionales consideran que este tipo de trato no es coherente con la lógica de cooperación estrecha que debería facilitar la movilidad de los agentes culturales, económicos y mediáticos de ambos países. Asimismo, conceder visados muy cortos a personas que en años anteriores habían obtenido visados de entradas múltiples se percibe como un retroceso inexplicable en la confianza mutua.
Mientras el Consulado de España en Tetuán trata a los solicitantes marroquíes con una perspectiva condescendiente, considerándolos como “potenciales migrantes” en caso de obtener el visado, el gobierno español recibe cada año a cientos de migrantes irregulares llegados desde las costas marroquíes y procede a regularizar su situación, en lo que considera su compromiso con los derechos humanos y la solidaridad social. Esta contradicción evidente refleja un doble enfoque hacia la migración entre la visión consular y el marco oficial de derechos humanos que Madrid defiende a nivel internacional.
Observadores locales señalan que el modo de actuar del Consulado de España en Tetuán parece influido por las ideas de la extrema derecha española, especialmente del partido Vox, conocido por su posición dura frente a los migrantes. Mientras tanto, las solicitudes de visado se gestionan con mayor fluidez en otros consulados españoles en Tánger, Rabat, Casablanca y Nador, sin las complicaciones que caracterizan la oficina de Tetuán. Esta disparidad suscita interrogantes sobre la ausencia de criterios consulares unificados entre las misiones españolas en Marruecos.
La Asociación para la Defensa de los Derechos Humanos ya había organizado una protesta frente a la sede del Consulado de España en Tetuán, denunciando lo que calificó como “discriminación en la concesión de visados y la falta de criterios claros en la evaluación de los expedientes”. Pidió entonces al gobierno español una intervención urgente para garantizar un trato justo a los marroquíes y revisar el funcionamiento del consulado en consonancia con las relaciones bilaterales entre ambos países.
Mientras los encuentros oficiales hablan de cooperación y acercamiento, los solicitantes de visado siguen enfrentándose a trabas administrativas que impiden que este acercamiento se traduzca en una realidad tangible. Ello convierte la reforma del sistema de visados en una condición esencial para otorgar a la cooperación marroquí-española una verdadera dimensión humana.
